Tras 16 meses de alerta, la gripe A ha muerto. Un alarmismo extremo e inmensamente innecesario que nos ha saturado durante mucho tiempo. Todo comenzó en abril de 2009, cuando se detectó un nuevo virus de la gripe de origen porcino. Desde entonces, la OMS (Organización Mundial de la Salud) no ha parado de saturarnos con mensajes de extrema gravedad, como el lanzado el 11 de junio de 2009, cuando el citado organismo decretó el nivel 6 de alerta, el más alto en el escalafón y que se corresponde con el de pandemia.
La alerta máxima sobre el H1N1 planeó sobre nuestras cabezas durante demasiado tiempo. Pero lo que sí es cierto es que la gripe A se ha cobrado la vida de al menos 18.449 personas en 214 países. Pero la OMS ha sido muy criticada por cómo ha gestionado los niveles de alerta hasta unos extremos que han alarmado más de la cuenta. En este sentido, Margaret Chan, directora de la OMS, se justificó diciendo que las pandemias son a todas luces “impredecibles”, por lo que la planificación debe hacerse poniéndose en el “peor de los casos”. Además, añade que, pese a que se haya declarado el fin de la gripe A, “el H1N1 seguirá circulando durante varios años“. Habría que preguntarse por qué el nivel de alerta ha sido tan extremo y quién o quiénes son los responsables de este desmesurado alarmismo que se ha creado con la gripe A. Una de las posibles causas es la actual escala de alertas, que fomenta el mencionado alarmismo. Pero ahora bien, ¿realmente la gripe A ha sido tan extrema?
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