Rosita Vera llegó a Asunción el sábado con un avanzado embarazo. Se instaló bajo una precaria carpa, junto a otros nativos de la zona de Capiibary, quienes exigen un territorio donde vivir.
El lunes a la tarde empezó a sentir los primeros síntomas del parto, lo que llevó a su hermano José Vera a llamar a Emergencias Médicas, pero como no tuvo respuesta decidió esperar que amanezca porque empezaba a caer la noche. El proceso de alumbramiento, en cambio, se aceleró y, como ya no tenían otra alternativa, decidió recurrir a otra indígena que actúa de partera en una comunidad indígena liderada por Tomás Domínguez. La partera empírica empezó a trabajar y a los pocos minutos en la madrugada de ayer llegó al mundo un robusto varón. El lecho de la mujer indígena era una incómoda choza de hule negro, bajo la cual una frazada hacía de colchón. En este sitio, lejos de las comodidades que ofrecen los hospitales, nació el bebé indígena. Rosita al igual que su hijo se encuentran en perfecto estado de salud. Horas después del alumbramiento llegaron al lugar las funcionarias de la Décima Octava Región Sanitaria, quienes dispusieron el traslado de la mujer y su hijo al Hospital Barrio Obrero, para un mejor control. A primera vista, las trabajadoras de la salud dijeron que tanto la mamá como el niño no presentan problemas, por lo que luego del control rutinario serían dados de alta. Su hermano José indicó que hace tiempo están viviendo a la vera del camino en la zona de Capiibary, y no tuvieron otra alternativa que venir a Asunción para hacer su reclamo. Lamentó que las autoridades no respondan a sus pedidos de tierra. “Necesitamos solo 100 hectáreas para no molestar más a los asuncenos, y mientras no tengamos, no retornaremos”, indicó el nativo. Varios indígenas nuevamente están en la plaza Uruguaya. Algunos piden escuela, pozo, apertura de camino, mientras otros tierra para poder trabajarla.
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